El Gran Leonardo (y II)

 

A veces llegó a exasperar a su mecenas como consecuencia de su inconstancia y el retraso en los encargos que éste le hacía. Lograba apaciguarlo montando para Ludovico desconcertantes, espectaculares y fastuosos decorados movidos por máquinas; con juegos de agua y fuego, que hacían las delicias del Duque y los cortesanos.  Su taller estaba abarrotado de artilugios, maquetas y dibujos. Diseñó  armas de fuego con tambor rotatorio, como los futuros revólveres y ametralladoras, carros blindados y otras máquinas de guerra. Observó el vuelo de las aves y construyó varios modelos de alas que daba a probar a su criado, afirmando que el hombre podría volar algún día. También realizó bocetos futuristas de helicópteros, dibujos de grúas, elevadores, máquinas para tallar cristal, excavadoras, accesorios para buzos, maquinarias de relojes, tornillo sin fin, cojinetes de bolas, máquinas textiles y de imprenta; todo esto una ínfima parte de sus estudios, inventos  e investigaciones; del todo imposible de enumerar aquí. Muchos de estos inventos quedaron sólo en el papel, sin posibilidad de hacerlos realidad, a la sazón, por falta de fuentes de energía y tecnología adecuada. Se ha perdido mucha documentación al respecto, no obstante existen códices  y cuadernos de apuntes donde  el artista dejo recopilados sus trabajos de investigación. Contienen infinidad de dibujos, ilustraciones y textos, escritos con la mano izquierda y en esa dirección; para leerlos con facilidad, es necesario colocar un espejo delante. Entre ellos el Código Atlántico, donde se recogen, entre otros muchos, los diseños anteriormente enumerados (Milán, Biblioteca Ambrosiana). Dos famosos cuadernos son los Codex Madrid I y II, descubiertos en 1967 en la Biblioteca Nacional de nuestra capital. El cofundador de Microsoft, Bill Gates, entusiasta de todo lo leonardiano, se ha hecho con algunos de los cuadernos existentes.

Pero, naturalmente, Leonardo también fue PINTOR, de una capacidad tal, que elevó la pintura por encima de la perfección técnica y artesanal, como estaba considerada hasta entonces, a la categoría de arte. Él se consideraba un pensador e intelectual porque transmitía en su pintura todo tipo de pasiones humanas. Los pocos trabajos terminados, fueron suficientes para influir notablemente en los pintores coetáneos. El dominio en la transición de luces a sombras, mediante el sfumato, el misterio de sus personajes…  le valió la reputación de excelso pintor.

Con la toma de Milán por las tropas francesas en 1499 y depuesto Ludovico Sforza, Leonardo marchó a Florencia, donde recibió varios encargos importantes (comenzó a pintar la Gioconda). Después marchó a Roma pero dada su fama de no acabar las obras, el papa León XIII no le ofreció ningún encargo. No obstante cualquier corte europea estaba dispuesta a tenerle como invitado, ya que su fama daba prestigio a cualquier monarca. Fue invitado por el rey Francisco I de Francia en calidad de “primer pintor, arquitecto e ingeniero” de la corona. Siempre acompañado de su criado Giacomo, que había admitido como aprendiz en la corte de Milán cuando era un niño, rapaz  embustero y ladrón, al que llamaba Salai (nombre de un diablo), pero que  mantuvo a su lado hasta la muerte del pintor. Se instaló en el palacete de Cloux, valle del Loira, donde el genio vivió los años que le quedaban de vida. Se dedicó a completar y reorganizar sus cuadernos y escritos, siendo muy apreciado por el Rey, a quien aconsejó y con el que mantuvo largas e interesantes charlas. El 2 de Mayo de 1519, la muerte visita a Leonardo. Ingres pinta el dramático momento, muerto en brazos de su amigo y mecenas, el rey Francisco (Museo Petit Palais, Paris).

Año tras año, millares de personas peregrinan al Louvre para admirar “La Gioconda” y aseverar que con sólo esta obra, hubiera sido considerado un hito en la historia del arte, además de la mente, con toda probabilidad, más preclara de todos lo tiempos.