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	<title>Lillo Galiani  &#124;  sculpture</title>
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	<description>Datos y obra del escultor manchego José lillo Galiani.</description>
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		<title>El pintor de la vicaría (yII)</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Feb 2012 12:51:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Lillo Galiani</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Nuevamente se le concede una pensión para viajar por Europa para estudiar los maestros Vernet, Fromentin y Delacroix, entre otros. En 1861 se traslada a Roma, allí comienza a trabajar cosechando bastantes éxitos con pequeños óleos y magníficas acuarelas. La Diputación de Barcelona le envía nuevamente a Marruecos para recoger bocetos que le permitan perfeccionar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Nuevamente se le concede una pensión para viajar por Europa para estudiar los maestros Vernet, Fromentin y Delacroix, entre otros. En 1861 se traslada a Roma, allí comienza a trabajar cosechando bastantes éxitos con pequeños óleos y magníficas acuarelas. La Diputación de Barcelona le envía nuevamente a Marruecos para recoger bocetos que le permitan perfeccionar el trabajo sobre <em>La batalla de Tetuán</em>. Ahora, acabada la guerra sin los peligros de la misma, viaja por el país, tomando apuntes, plasmando lo que acontece en este territorio iluminado por el sol mediterráneo.</p>
<p>Vuelve a Roma bajo la protección económica de la Diputación y mantiene contacto con los artistas españoles. En 1866 conoce al marchante Adolfo Goupil, éste le adquiere varios cuadros y pasa a formar parte de esta importante casa de arte de París. Fortuny comienza a ser conocido en Roma y valorado en Barcelona como uno de os mejores artistas de aquél entonces. En 1867 contrae matrimonio con Cecilia  Madrazo, hija del famoso pintor Federico Madrazo. La boda se llevó a cabo en Madrid, en la iglesia de San Sebastián. Las sucesivas visitas al templo para los preparativos y burocracia de la ceremonia, le inspiraron para, después, llevar a cabo el cuadro que, a pesar de no ser de grandes dimensiones (93,5&#215;60 cm.) es una de sus obras maestras y  por la que el artista es más conocido,  <em>La vicaría </em>(Museo Nacional de Arte de Barcelona).</p>
<p>En su viaje de novios visitó Granada y nuevamente quedo entusiasmado de las reminiscencias árabes, de tal forma que se instalaron por un tiempo en la bella ciudad  del Darro. Marcha de nuevo con su mujer a Roma donde abre taller. Allí recibe visitas de otros importantes artistas y coleccionistas de arte que adquieren sus trabajos de óleo y acuarelas, aumentando progresivamente su fortuna. Igualmente, con sus posibilidades económicas, adquiere y colecciona valiosos objetos de arte.</p>
<p>En el 68 es visitado por el marchante Goupil, éste le propones adquirir toda su obra en exclusividad y montarle un magnífico estudio en la capital francesa. Al año siguiente Fortuny se traslada a París y termina el famoso cuadro <em>La vicaría</em>, adquirido por Goupil y vendido a una coleccionista por 70.000 francos, exorbitante cantidad para aquella época y por su formato, relativamente pequeño. Pero sobre todo porque esto supuso, la fama definitiva del artista. Una exposición posterior en la galería Goupil le consagró como uno de los pintores más valorados y disputados por los coleccionistas.</p>
<p>Como consecuencia de la guerra franco-prusiana, Fortuny se traslada con su familia a Granada. Dos acontecimientos se llevaron a cabo en su vida, el nacimiento de Mariano, su segundo hijo, y el comienzo de la transformación del estilo que tanta fama y dinero le habían dado pero del que, a un tiempo, se sentía prisionero. Trabajó incansablemente y fue abandonando la pintura preciosista que lo había encumbrado para trabajar en otras experiencias.</p>
<p>En 1872 realiza su último traslado Roma; pero en  la Ciudad Eterna no es feliz; atado al marchante Goupil, le irrita el tener que cumplir los compromisos adquiridos. Alterna éstos con una pintura más personal pero su estado de salud es deficiente. En noviembre, aquejado de dolencias gástricas y  malaria, muere el pintor a la edad de 36 años.</p>
<p>Fue enterrado en el cementerio romano de San Lorenzo; en el féretro se introdujo su paleta, sus pinceles y su último dibujo.</p>
<p><img class="aligncenter size-medium wp-image-640" title="85.El pintor de la vicaría (y II)" src="http://lillogaliani.com/wp-content/uploads/2012/02/85.El-pintor-de-la-vicaría-y-II-408x450.jpg" alt="" width="408" height="450" /></p>
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		<title>El pintor de la vicaría (I)</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Feb 2012 12:48:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Lillo Galiani</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Corría el año 52 del siglo XIX. Abuelo y nieto se dirigían desde Reus a Barcelona; la precariedad y estrechez económica en que se encontraban en aquellos tiempos de privaciones, les obligó a realizar este trayecto de más de cien kilómetro a pie. Durante el viaje, paraban en fondas y posadas; para reservar los ahorros [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Corría el año 52 del siglo XIX. Abuelo y nieto se dirigían desde Reus a Barcelona; la precariedad y estrechez económica en que se encontraban en aquellos tiempos de privaciones, les obligó a realizar este trayecto de más de cien kilómetro a pie. Durante el viaje, paraban en fondas y posadas; para reservar los ahorros se ganaban  el sustento como titiriteros con los muñecos que el abuelo, hábil ebanista, tenía fabricados. Se dirigían a la Ciudad Condal para que el muchacho, de catorce años, pudiera dedicarse al arte. El abuelo estaba seguro que llegaría lejos porque Reus, aún siendo ciudad importante, se había quedado pequeña para el futuro artista.</p>
<p>Mariano José María Bernardo Fortuny y Marsal, nació en la citada Reus en 1838. La epidemia de cólera desatada, a la sazón, en Cataluña, dejó  a Mariano huérfano de madre a los once años. Su padre hubo de cerrar el pequeño taller de carpintería y emigrar a Barcelona. Se hizo cargo del niño el abuelo, éste se ganaba  la vida con un teatro de títeres recorriendo los pueblos de la zona. Pronto descubrió las facultades del pequeño, para la pintura, y las fomentó en todo momento.  A los nueve años compaginaba su asistencia a la escuela con las clases de dibujo; después, todavía en su ciudad, tomó clases de óleo, acuarela e incluso de orfebrería.</p>
<p>Permaneció en Barcelona seis años, durante los cuales fue aprendiz en un taller de escultura y se matriculó en la Escuela de Bellas Artes de la Lonja, en la que sus profesores ya le auguraban un futuro glorioso en la pintura. Dirigido por las estrictas pautas académicas, Fortuny realiza obras de temática mitológica, religiosa e histórica. Los cinco años de academia le convirtieron en un artista excelente, dominando con maestría el dibujo, color, luz, composición y todo lo relativo al oficio. Sus recursos económicos los conseguía  realizando litografías, estampas religiosas, dibujos e incluso ilustró una novela de Alejandro Dumas y el Quijote. En 1857 gana el concurso de la Academia de Bellas Artes de la  Diputación de Barcelona cuyo premio le permitía ocupar una plaza de pintor pensionado en Roma, con 8.000 reales anuales durante dos años. Este hecho fue determinante en su futura carrera pues le permitirá completar su formación. Pero tienen pendiente el servicio militar que le impide su marcha. Recurre a uno de sus protectores en Reus que paga la cuota de exención de dicho servicio y una vez libre, viaja a Italia.</p>
<p>Durante su estancia de pensionado en la Ciudad Eterna, la recorre de arriba abajo; visita palacios, museos, villas, jardines; observa, dibuja, pinta, copia y se empapa de los clásicos. Pero también se interesa por las nuevas tendencias de los pintores florentinos y napolitanos. Mantiene contacto permanente  con su querido abuelo que muere el día de San José de 1859. Periódicamente tiene que mandar trabajos a la Diputación, su mecenas. Y es la misma quien le envía a la guerra de Marruecos para pintar varios cuadros de gran tamaño que deberían ensalzar las hazañas de un batallón catalán al mando del general Prim, paisano suyo.</p>
<p>Durante los tres meses de estancia en Marruecos, realizó numerosísimos apuntes, bocetos y esbozos. Sólo llegaría a materializar un cuadro, inconcluso, de los encomendados, <em>La batalla de Tetuán</em> (Museo Nacional de Arte de Cataluña). Quedó profundamente impresionado con el descubrimiento del mundo islámico, el paisaje del norte de África y sus contrastes de luz y color, sus gentes y sus costumbres; de tal forma, que supuso un cambio en su temática y estilo.</p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-636" title="84.El pintor de la vicaría (I)" src="http://lillogaliani.com/wp-content/uploads/2012/02/84.El-pintor-de-la-vicaría-I-287x450.jpg" alt="" width="287" height="450" /></p>
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		<title>Anécdotas político-artísticas</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Jan 2012 11:28:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Lillo Galiani</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Recientemente  un amigo me prestó el libro titulado “Las anécdotas de la política, de Keops a Clinton”. Editorial Planeta. 2004,  y cuyo autor es el ya desaparecido Luis Carandell, experimentado y notable profesional en todos los campos del periodismo; también fue cronista parlamentario en nuestra incipiente democracia, además de escritor. Lo leí de dos tirones [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-medium wp-image-622" title="escaneados0001" src="http://lillogaliani.com/wp-content/uploads/2012/01/escaneados00012-337x450.jpg" alt="" width="337" height="450" /></p>
<p>Recientemente  un amigo me prestó el libro titulado “Las anécdotas de la política, de Keops a Clinton”. Editorial Planeta. 2004,  y cuyo autor es el ya desaparecido Luis Carandell, experimentado y notable profesional en todos los campos del periodismo; también fue cronista parlamentario en nuestra incipiente democracia, además de escritor. Lo leí de dos tirones pues es ameno y muy divertido, por lo que recomiendo su lectura. En este libro su autor recoge 498 anécdotas referidas, como indica el título, a la política, algunas ya conocidas por mí.</p>
<p>Y como quiera que siempre hay que andar buscando, rebuscando, escuchando, espigando y husmeando para conseguir datos y material, entre  este medio millar de anécdotas encontré  seis  que, además de referirse a hechos y avatares políticos, tienen al arte como telón de fondo habiéndolas encontrado, por tanto, oportunas para  esta columna. Ya conocía la referida a la hermana de Napoleón pues su vida queda reflejada en el libro <em>Paulina Bonaparte la Venus Imperial </em>de François de la Cote. De manera que son cinco las “sustraídas”. Una vez  adaptadas  paso a ofrecerlas, en la certeza de que mi admirado Luis Carandell, allá en el Parnaso de los periodistas y escritores ilustres, me ha concedido licencia. (Esta semana dos, las cuatro restantes en la siguiente entrega).</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> La Venus Paulina</strong></p>
<p>Paulina Bonaparte, hermana menor de Napoleón, fue una mujer muy bella, adelantada a su tiempo y libre de prejuicios. Estuvo casada en dos ocasiones y fue muy famosa por sus ajetreos amorosos pero también por su generosidad. Quedó inmortalizada en níveo mármol de Carrara por el escultor Antonio Canova. Para ello, Paulina hubo de posar, semidesnuda, durante varia sesiones. Cuando la obra estuvo acabada, provocó admiración y escándalo (actualmente se encuentra en la Galería Borghese en Roma). Una dama, con solapada intención, preguntó a Paulina si no se había sentido molesta al posar desnuda para el artista. Pero ésta, con premeditada ingenuidad, respondió: ‹‹ ¡Al contrario, querida! En el estudio del señor Canova disfruté de una temperatura muy agradable››.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Una estatua para el señor marqués</strong></p>
<p>En un pueblo de la  Provincia de León, regido por los seguidores del político demócrata  García Prieto, marqués de Alhucemas, surgió la idea de llevar a cabo la erección de un monumento en honor  del político. Los fondos para sufragar la escultura  provendrían de una suscripción popular. Los ediles de aquel ayuntamiento se encontraron frontalmente con la negativa de los adversarios políticos del marqués, sobre todo  los seguidores de Maura. Pero la oposición de los adeptos a Don Antonio era muy débil pues sólo  tenían un concejal en el Ayuntamiento. En la sesión  donde se discutiría definitivamente aquel  asunto, el concejal maurista solicitó intervenir para dar su opinión.  El alcalde se negó a concederle el turno de palabra pero accedió cuando el solitario edil  le hizo saber que su intención era apoyar la idea. El seguidor de Maura se levantó y con voz grave se dirigió al auditorio: ‹‹Señores, yo estoy   de acuerdo  en la realización del monumento  al marqués; tan sólo pongo una condición…››.  ‹‹ ¿Cuál?›› -preguntó impaciente el regidor.  Y el concejal, muy en su papel, dijo: ‹‹Que sea una estatua ecuestre… pero sin jinete››.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
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		<title>El innovador</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Dec 2011 09:59:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Lillo Galiani</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En la primavera de 1934 su exposición en Nueva York había sido un gran éxito.  Poco después en Barcelona, sus obras fueron igualmente ponderadas.Viaja a Reus, donde  le han solicitado una nueva exposición y se le tiene preparado un homenaje. Pero el artista se siente cansado; escribe a París pidiendo a su mujer e hija [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-612" title="80.El innovador (I)" src="http://lillogaliani.com/wp-content/uploads/2011/12/80.El-innovador-I-271x450.jpg" alt="" width="271" height="450" />En la primavera de 1934 su exposición en Nueva York había sido un gran éxito.  Poco después en Barcelona, sus obras fueron igualmente ponderadas.Viaja a Reus, donde  le han solicitado una nueva exposición y se le tiene preparado un homenaje. Pero el artista se siente cansado; escribe a París pidiendo a su mujer e hija que se reúnan con él; presiente lo peor… Tres días después de inaugurada la exposición, fallece en la habitación del hotel. Una bronconeumonía siega, inmisericorde, el ya comenzado reconocimiento mundial como artista indiscutible  y consagrado de la escultura contemporánea.</p>
<p>Pablo Gargallo Catalán había nacido en la localidad zaragozana de Maella en 1881. El dato biográfico referente al oficio de herrero del padre es falso por lo que, el escultor, no tuvo antecedentes artísticos ni artesanales en la familia. Su progenitor trabajaba en las faenas del campo y durante un tiempo, fue conductor de diligencias. Como ocurría a muchas familias con dificultades de todo tipo, el grupo familiar se trasladó a Barcelona, en busca de otros horizontes más propicios. Y a veces surge, sin ningún antecedente artístico, un vástago que será llamado por el arte.</p>
<p>Tras breve tiempo de trabajar en un taller de alfarería, su tío le consigue un puesto de aprendiz, sin sueldo, en el taller del afamado escultor Eusebio Arnau; por las noches asiste a clases de dibujo. Con apenas veinte años, frecuenta las tertulias del café <em>Els 4 Gats</em> y se codea con jóvenes artistas como Picasso, de su misma edad y amigo durante toda su vida. En 1902 La Lonja (Real Academia de Bellas Artes), le concede una bolsa de viaje para estudiar en París  pero el fallecimiento del padre pospone su marcha hasta el año siguiente, pues dicha bolsa se le ha prorrogado. Tras un año de estancia en la  Meca del arte, regresa a Barcelona y vuelve a instalarse en su taller, ocupado en su ausencia por Picasso. Por sus trabajos, ya  conocidos y apreciados, es contratado por el arquitecto Luís Doménech para llevar a cabo esculturas de bulto y relieves en el Hospital de la Santa Cruz y San Pablo de Barcelona. En Madrid trabaja en la realización de medallas pero tiene que regresar a casa enfermo.</p>
<p>En 1907 restablecida su salud, vuelve a París animado por su amigo Pablo Picasso. Pero regresa a Barcelona  y realiza algunos monumentos y las decoraciones de importantes obras arquitectónicas como El Palacio de la Música.  En 1911 obtiene una medalla en la Exposición Internacional de Arte, patrocinada por el Ayuntamiento de Barcelona y en 1912 una mención orifica en la Nacional de Pintura, Escultura y Arquitectura. Los encargos no le faltan pero vuelve a sentir la llamada de Paris y marcha en busca de la fama internacional. De nuevo la vida bohemia cargada de privaciones pero reconfortado por la compañía de sus amigos: Picasso, Juan Gris, Max Jacob, Manolo Hugué, Modigliani y toda una pléyade de nombres que con el tiempo destacarán en los círculos mundiales del arte. Conoce a la joven Magali, su futura esposa.</p>
<p>Paralelamente a sus trabajos clasicistas y aconsejado por su amigo Julio González, viene investigando las posibilidades de la chapa metálica. Libre de los posibles condicionamientos del encargo, realiza con este material trabajos con los que realmente será  reconocido.</p>
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		<title>Graffiti</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Dec 2011 09:54:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Lillo Galiani</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Sierra de Gredos (Ávila), Pico Almanzor 2.593 metros. Cientos de montañeros y excursionistas se dirigen hacia la máxima altura del Sistema Central. Los más entrenados ascienden hasta su cima. Muchos quedan a sus pies, en la Laguna Grande a dos mil metros de altura, disfrutando del aire puro y rodeados de moles graníticas. A la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img title="79.Graffiti" src="../wp-content/uploads/2011/12/79.Graffiti-352x450.jpg" alt="" width="352" height="450" /></p>
<p>Sierra de Gredos  (Ávila), Pico Almanzor 2.593 metros. Cientos de montañeros y  excursionistas se dirigen hacia la máxima altura del Sistema Central.  Los más entrenados ascienden hasta su cima. Muchos quedan a sus pies, en  la Laguna Grande a dos mil metros de altura, disfrutando del aire puro y  rodeados de moles graníticas. A la vuelta llevan bolsas de plástico en  las mochilas o en la mano, conteniendo los restos de comida o envases  para depositarlos en los contenedores de la plataforma de salida. Todos  cumplen la norma, el acuerdo tácito: “Llévate tus desperdicios, la  naturaleza no los necesita”. Y en estos elevados, bellísimos e  impresionantes parajes berroqueños, a un lado de la tortuosa senda, una  pequeña roca llama la atención, ha sido ensuciada, afeada y mancillada  por la firma negra y odiosa de un grafitero, aunque esta definición no  describa propiamente a su autor. Hasta aquellas alturas se ha tomado la  molestia de llevar su proeza, su hazaña, su acción valerosa (tradúzcase  por necedad, estulticia y angostura intelectual).</p>
<p>En la mítica e inolvidable película “La conquista del Oeste”  (1962),  Eve Prescot (la bellísima Carroll Baker), cuenta a su hermana, como su  amado Linus Rawlings (James Stewart), ha grabado en un árbol el nombre  de los dos, rodeados de sendos corazones, y  ha lanzado su cuchillo  clavándolo en la intersección de ambos. Perdonable la acción del  trampero aunque haya realizado un graffiti, porque aquellos personajes  legendarios, que llevaron a cabo grandes gestas, nada tienen que ver  con  “Influenza”, el grafitero holandés, experto en dañar las cortezas  de los árboles con grabados, para mí, más triviales y menos románticos.</p>
<p>No se trata aquí de analizar  la historia del grafiti (o graffiti),  ni del moderno y sus géneros o estilos, ni de los grafiteros famosos  como Banksy o Muelle; doctores tiene la iglesia y la “Wiqui” información  sobre el asunto. Es cierto que en algunos casos, pintores del aerosol  han llegado a mostrar su obra en salas de exposiciones. La mayoría  plasman en las paredes dibujos y pinturas, en muchas ocasiones   interesantes, llamativas, sugerentes y de calidad. Algunos particulares  o ayuntamiento, ceden superficies o fachadas donde pueden desarrollar  este tipo de arte que, como en todo, puede o no gustar al ciudadano que  los contempla. Estos son los denominados <strong>grafiteros</strong>. Pero bajo la capa de lo que se dio en llamar hace años “arte callejero”, se tapan o, mejor, se esconden cientos de <em>acercabarros</em> (aunque no se encontrará en el diccionario, en albañilería y por  extensión, persona chapucera, torpe, que carece de habilidad y  conocimientos en su oficio), cuyas actividades no son arte sino  vandalismo.</p>
<p>No hay paisaje urbano más deplorable y desolador  que el degradado  con grandes letras o negros pintarrajos sin sentido, obra de estos  “artistas” anónimos y esto último lo son no por exceso de modestia sino  porque se esconden en la oscuridad para cometer sus gamberradas e  incluso, en ocasiones, incumplen sus propias reglas y mancha con su  firma el trabajo de otro colega, realizado con más acierto. Nada escapa  al espray de estos depredadores del paisaje: muros, paredes,  contenedores, toda clase de mobiliario urbano, pedestales de esculturas,  portadas, vagones de metro, de tren, pasajes subterráneos o a nivel,  puentes, casas de campo abandonadas, edificios públicos, también  privados si olfatean que no hay moradores. Manchan desde parques  infantiles y sus aparatos hasta las piedras respetables y seculares de  un palacio o castillo. Atacan fachadas de mármol o ladrillo, ocasionando  graves daños en las mismas pues, además de los gastos de restauración,  ésta no se lleva a cabo con facilidad y la superficie manchad no quedará  como en su estado primigenio. Ante una superficie limpia, acuden como  las mariposas a la luz, como los clavos al imán, como las moscas a la  miel o a otra cosa…Siempre de noche, con nocturnidad y alevosía ¿Dónde  está el arte en estas acciones?</p>
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		<title>El mago del lápiz</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Nov 2011 20:31:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Lillo Galiani</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Le conozco desde que era niño, aunque  Joaquin Morales Molero siempre fue modoso, comedido, afable, responsable y otras cualidades que tienen, o deberían tener, los mayores. Quería hacer Bellas Artes pero la familia, quizás considerando  las dificultades de los artistas para vivir de esta disciplina, le aconsejó  tomar el camino de la docencia y así [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Le conozco desde que era niño, aunque  Joaquin Morales Molero siempre fue modoso, comedido, afable, responsable y otras cualidades que tienen, o deberían tener, los mayores. Quería hacer Bellas Artes pero la familia, quizás considerando  las dificultades de los artistas para vivir de esta disciplina, le aconsejó  tomar el camino de la docencia y así lo hizo. Pero en  Joaquín ya había germinado la semilla del arte;  cuando tenía trece años ganó su primer premio en un concurso de dibujo. Algunos malintencionados decían que los dibujos se los hacía su madre (pintora). No era cierto y el tiempo demostró que Joaquin sabía y sabe dibujar solo. El lápiz en sus manos es una varita mágica de viejo mago. Posee como nadie los secretos del dibujo, dibuja divinamente  y por eso, nuestro común amigo, Joaquín Brotóns le llama El “divino”.</p>
<p>Pocos tienen oportunidad de acceder a su morada, a su estudio, a su refugio, a su retiro cenobial, rodeado de libros, de obras de arte, de belleza. Oye música, lee y dibuja; dibuja lentamente, sin prisa. Se acerca al caballete y acaricia el papel con el lápiz; toca  y retoca, con parsimonia,  como Leonardo se recreaba, en la tabla de álamo,  pintando su Gioconda. Pero cuando los dibujos salen de sus manos, son  retazos de poesía, de belleza, de vida, de naturaleza, de esperanza. Dibuja viejos y adormilados búhos, mariposas multicolores, alegres gorriones y  tristes jilgueros enjaulados. En el bosque de Joaquín ulula el viento, conversan los pájaros en las ramas de árboles susurrantes con retorcidos troncos y oquedades misteriosas en cuyo interior, seguro, habitan duendes y gnomos, un bosque encantado donde su lápiz  muestra  la secreta entrada de hierro, guardada con sellos arcanos, de los elfos.</p>
<p>Y como grandísimo y completo artista que es, domina todas las temáticas;  con igual maestría  plasma en el papel cálidos, exuberantes y turbadores cuerpos de ninfas, náyades y efebos que rompen la planitud  del soporte y cobran fuerza tridimensional. Para el color, trabaja el pastel; tengo el privilegio de poseer uno, mi sedante y mi relajo. Miro a la noria de cangilones de chapa oxidada, sobre uno de  ellos la urraca otea el horizonte manchego; me acerco sigilosamente, ella me mira  con su agudísimo ojo, observo las plumillas blancas del ave y les soplo esperando que se muevan…A veces temo que un día llegaré al salón y el córvido habrá emprendido el vuelo.</p>
<p>Sería innecesario y tedioso, por extenso, relatar el currículo de Joaquín. Pero ha participado en infinidad de certámenes  nacionales, como el “Penagos” y el Internacional de Dibujo “Fundación Ynglada Guillot”, llevado a cabo exposiciones individuales, ilustrador de libros con temas de naturaleza como “El anillo verde”, de Vázquez Figueroa y “Pájaros de cuentos”, de Cristóbal Zaragoza; trabaja con varias galerías, ha obtenido premios entre ellos dos accesits en el Certamen Nacional de Dibujo Gregorio Prieto, de Valdepeñas ( pocos saben que le requirieron para  dibujar el rostro del pintor recién fallecido). Sin embargo, con méritos más que suficientes y con sobrados merecimientos, nunca le han concedido el premio de este  certamen, estas cosas suelen suceder…</p>
<p>Una vez expusimos juntos, <em>Testimonios</em>, dimos en llamar nuestra exposición; él dibujos, yo esculturas pero con un denominador común: la naturaleza. Como muchos, convenimos en que estamos pagando un precio muy alto por el “progreso”, con una moneda, la madre tierra, que no es nuestra. Y por eso, en el catálogo de aquella exposición escribimos : <em>Por si acaso no llueve ,// si el bosque se quedara solo;// cuando el río no hable,// quizás las estrellas se hagan invisibles,// y el fuego sea el dueño,// si el relámpago no asusta los búhos, porque están muertos.// Dejaremos plasmado lo que nuestra retina impresionó,// para aquellos que,// por culpa de los apagaestrellas, adoradores del fuego,// mercaderes de naturaleza,// no pudieron verlo.</em></p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-598" title="78.El mago del lápiz" src="http://lillogaliani.com/wp-content/uploads/2011/11/78.El-mago-del-lápiz1-384x450.jpg" alt="" width="384" height="450" /></p>
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		<title>Niño de la guerra</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Nov 2011 13:16:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Lillo Galiani</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cerca de su casa con otros amigos, jugaban haciendo  muñecos de barro y siempre destacaba  entre ellos en esta actividad. De improviso, aparecieron en la calle tres hombres; uno tenía la cara ensangrentada, como un Ecce homo; los otros dos le habían propinado una bestial paliza por motivos políticos. El niño quedó impresionado de tal [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cerca de su casa con otros amigos, jugaban haciendo  muñecos de barro y siempre destacaba  entre ellos en esta actividad. De improviso, aparecieron en la calle tres hombres; uno tenía la cara ensangrentada, como un Ecce homo; los otros dos le habían propinado una bestial paliza por motivos políticos. El niño quedó impresionado de tal manera que tomó el barro de sus juegos y comenzó a modelar una cabeza. Los vecinos y compañeros no vieron un retrato, propiamente dicho, sino más bien la representación del dolor y la injusticia que se había cometido con aquel hombre. Este hecho, no sólo quedo grabado profundamente en el futuro artista sino que confirmó rotundamente la decisión de dedicarse a la actividad escultórica.</p>
<p>Juan Haro Pérez nació en Cuevas de Almanzora (Almería) en 1932. Tiempos difíciles, de convulsiones sociales que desembocarían en una guerra fratricida. Con apenas dos meses, su modesta familia se traslada a Barcelona en busca de mejores perspectivas. Tras los durísimos años de la guerra y desde muy joven, Haro quiere ser artista. Superando todo tipo de dificultades se inscribe en un curso nocturno de dibujo; fuera del mismo, modela el barro por su cuenta y contacta con los artesanos de la piedra de los que aprende la técnica de la talla. Todo esto sin restar tiempo a sus estudios. Su familia se extraña de esta afición pero nunca le ponen cortapisas, aunque algo preocupados por el excesivo trabajo del joven.</p>
<p>Consigue ingresar en la  Escuela de Bellas artes pero considera insuficientes, anticuados y bajos de nivel los programas oficiales. Acostumbrado a su hiperactividad, complementa la academia con clases de desnudo del natural que organiza Fomento de las Artes Decorativas. Dibuja incansablemente, su cuaderno de apuntes siempre va en su bolsillo, realiza cientos de bocetos, cuerpos y rostros anónimos, para él apasionantes.</p>
<p>Solicita ser destinado a Marruecos para cumplir el servicio militar y al regreso del mismo, en 1956, hace la maleta para viajar a Hispanoamérica. Primero Colombia, luego Venezuela donde imparte clases de Historia del Arte, realiza encargos y vende su obra. Pero debe abandonar el país por cuestiones políticas. Pasado un tiempo con la familia, siente la llamada de París, y allí se dirige. Funda y es nombrado presidente de la Asociación de Artistas Españoles en París para la ayuda mutua de estos creadores y dar a conocer su obra en el extranjero. Viaja por distintos lugares de Francia conociendo su arquitectura y monumentos. Pero el acontecimiento más importante fue conocer a su futura esposa, María, que se doctoraba en Física y Química. Tras cinco años de casados y nacido un hijo, regresan a España, instalándose en Madrid.</p>
<p>Haro fue un artista acreedor del apelativo “escultor”, de la voz latina <em>sculpere</em>: tallar la piedra, para arrancarle directamente la figura escondida. No temía a los materiales duros como el granito o basalto; si encontraba accidentalmente una piedra en el campo que pudiera ofrecerle algo, lo cogía de ella. De una piedra en la playa, arrogante y destacando de las demás, esculpe “La aristócrata”, de moño alto y expresión altiva; el  pedrusco de granito, agobiado por su propio peso lo transforma en “Cabeza de viejo púgil”; y de la piedra grande en el fondo de un barranco rodeada de piedrecillas a las que parece sojuzgar esculpe, allí mismo, “El dictador”. Maternidades desgarradas, abrazos emotivos y toda una serie de sentimientos humanos, es la escultura comprometida de Juan Haro.</p>
<p>Inexplicablemente, su persona y su obra permanecieron en el anonimato en los últimos años; quizás banales tendencias, acompañadas de ampulosas y vacías críticas, ocultaron la obra recia, verdadera y auténtica del escultor. Juan Haro murió en Mayo de 2009.<img class="alignright size-medium wp-image-590" title="77.Niño de la guerra" src="http://lillogaliani.com/wp-content/uploads/2011/11/77.Niño-de-la-guerra-332x450.jpg" alt="" width="332" height="450" /></p>
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		<title>Modelar con caña</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Oct 2011 09:50:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Lillo Galiani</dc:creator>
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		<description><![CDATA[‹‹… ¿Le parece a usted bien así, maestro?›› ‹‹ ¡Que no, que no, más arriba! ¡Aquí! Eso es, así&#8230; Coloca mas barro en las nalgas… Los pechos no son iguales, reduce el mayor. Gírale  un poco más la cabeza, pronuncia esta  clavícula y eleva el mentón. Quita arcilla de esta zona… más, más…eso es. Resalta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>‹‹… ¿Le parece a usted bien así, maestro?›› ‹‹ ¡Que no, que no, más arriba! ¡Aquí! Eso es, así&#8230; Coloca mas barro en las nalgas… Los pechos no son iguales, reduce el mayor. Gírale  un poco más la cabeza, pronuncia esta  clavícula y eleva el mentón. Quita arcilla de esta zona… más, más…eso es. Resalta el Monte de Venus… basta, basta. Vamos a dejarlo  por hoy, me encuentro muy cansado… Limpia los estiques de modelar, humedece la figura y los paños y cúbrela, mañana continuaremos. El trabajo va muy bien, me gusta, me gusta…››</p>
<p>Podría ser esta la conversación del artista con su colaborador. De un artista, sí, pero un tanto peculiar porque  no se trata de un escultor y su ayudante sino de un pintor. Efectivamente, era el gran impresionista francés Pierre-Auguste Renoir. Muchos admiradores de sus cuadros ignoran que al pintor siempre le atrajo la escultura. Pero su excesivo trabajo fue retrasando los deseos de manipular  la arcilla húmeda y modelar figuras.</p>
<p>Las dos primeras, y últimas, obras realizadas “con sus propias manos” las llevó a cabo  en 1907; se trataba de dos retratos de Claude, su hijo menor. En este año Renoir había adquirido una finca en Cagnes-sur-mer, en la  Costa Azul francesa, la que sería su residencia hasta su muerte. Pero la actividad pictórica no le permite llevar acabo nuevos trabajos escultóricos.</p>
<p>En 1913  decide, de nuevo, retomar el modelado aunque para estas fechas la enfermedad ya se ceba en el pintor… Es sabido que los ataques de reuma y artritis -que al final le postraron en una silla de ruedas-, le impedían tomar libremente los pinceles, por lo cual habían de colocárselos o atarlos a los dedos; menos aún  podía modelar la arcilla porque para este menester, los diez apéndices digitales son muy importantes.</p>
<p>Comentando su frustración  a su amigo y marchante, el famoso Ambroise Vollard, éste le expuso una idea que solucionaría, en parte, sus propósitos de realizar escultura. Le buscaría un colaborador que le ayudara en la consecución de sus deseos. A los pocos días se presentó en el taller del artista, de parte de Monsieur Vollard, un joven que dijo ser español y llamarse Ricard Guinó; con experiencia en el modelado pues había trabajado, durante algún tiempo, en el taller del famosísimo escultor Aristide Maillol.</p>
<p>Maestro y ayudante se pusieron a trabajar. El pintor realizaba los bocetos sobre el papel y el colaborador montaba los armazones, amasaba el barro, iniciaba la figura y cuando ésta se aproximaba a los volúmenes definitivos Renoir, con una caña atada a la mano, iba indicando donde quitar, donde poner y donde rectificar. Fue tal la coordinación y entendimiento entre  maestro y ayudante que el pintor comentaba: ‹‹ Parece como si tuviera una mano al final de la caña››.</p>
<p>Cinco años duró esta colaboración, durante los cuales realizaron dos docenas de esculturas, entre ellas un retrato de Aline, la mujer del artista, y el bellísimo desnudo “Venus victoriosa”. Pero al cabo de este lustro, el joven ayudante se quejaba de que su aportación  no era estimada ni apreciada como se merecía, por lo que dejó de colaborar con el pintor. Pasado medio siglo, en el año 1968, Ricard Guinó se querelló contra los herederos de Renoir y consiguió ser reconocido como coautor de las obras. Sin embargo obtuvo poco reconocimiento por sus propios trabajos.</p>
<p>Gran parte de las esculturas realizadas, junto con algunas de sus pinturas y de otros artistas, se encuentran en la citada casa, actual museo, de la Costa azul.</p>
<p><img class="alignnone size-medium wp-image-585" title="76.Modelar con caña" src="http://lillogaliani.com/wp-content/uploads/2011/10/76.Modelar-con-caña-307x450.jpg" alt="" width="307" height="450" /></p>
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		<title>El pastor de Satillana</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Sep 2011 09:02:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Lillo Galiani</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuando niño fue su maestro, de quien guardaba muy buenos recuerdos, el primero en inculcarle valores estéticos. Una vez a la semana dejaban a un lado los números y las letras y le enseñaba a dibujar. Los días sin escuela el padre, para que no perdiese el tiempo, lo enviaba al prado a cuidar el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong> </strong></p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-581" title="75.El pastor de Santillana" src="http://lillogaliani.com/wp-content/uploads/2011/09/75.El-pastor-de-Santillana-500x425.jpg" alt="" width="500" height="425" />Cuando niño fue su maestro, de quien guardaba muy buenos recuerdos, el primero en inculcarle valores estéticos. Una vez a la semana dejaban a un lado los números y las letras y le enseñaba a dibujar. Los días sin escuela el padre, para que no perdiese el tiempo, lo enviaba al prado a cuidar el ganado. Y el niño, igualmente feliz, observaba su entorno con suma curiosidad y hacía figurillas de arcilla humedecida con el agua de las fuentes, reproduciendo toscamente los perros, los bueyes y las vacas. Esta atenta mirada a la naturaleza, animales domésticos o salvajes, fue decisiva en su obra.</p>
<p>Jesús Otero Oreña (1908) nació, vivió y murió en Santillana del mar, Cantabria, rodeado de piedras históricas. A los doce años deja la escuela para dedicarse a las faenas del campo. Lleva a cabo su primer trabajo en piedra; ayudado de unos clavos de una nave embarrancada  y un viejo martillo, talla una cabeza de estilo románico. Durante cinco años se dedica a  las faenas agrícolas y, sobre todo, ganaderas. Sin dejar la piedra, talla en relieve los retratos de sus hermanos, padres y abuelos. A los diecisiete años marcha a Santander para trabajar con unos canteros en la obra del Banco de Santander. Allí conoce lo que el arte  tiene de oficio, entiende mejor a la piedra, maneja la maza, punteros y cinceles; disfruta trabajando, aprendiendo y, por añadidura, le pagan. Asiste por las noches a la Escuela de Artes y Oficios.</p>
<p>En 1929 obtiene una beca de mil quinientas pesetas anuales de la Diputación Provincial para asistir a la Escuela de Bellas Artes de San Fernando en Madrid. Visita con frecuencia el estudio de Victorio Macho, en plena madurez, éste le recibe amablemente, mostrándole su obra y aconsejándole. Tras dos años de permanencia en Madrid, vuelve a Santillana y sigue considerándose  autodidacta porque, para él, sus verdaderos maestros fueron los tallistas románicos de la colegiata de su pueblo. Alterna las faenas del campo con las tertulias culturales y la ejecución de los encargos que va recibiendo, sobre todo, escudos nobiliarios.</p>
<p>En 1936 al comienzo de la guerra, el artista es nombrado delegado de Bellas Artes en Santillana, para la conservación del patrimonio artístico. Pero al cabo de un año decide tomar parte activa en la contienda, militando en el ejército republicano. Tras caer prisionero recorre varias cárceles, en condiciones durísimas, y poco falta para ser fusilado.</p>
<p>Duramente impresionado por la guerra, deja transcurrir varios años sin actividad escultórica. Sus amigos, entre ellos Pepe Hierro, le animan a retomar su arte, y comienza esculpir nuevamente. No le faltan encargos: Monumento al Ebro, a Juan de la Cosa, multitud de Cristos en piedra o en madera de roble y numerosos relieves con animales, personajes del campo y algunos retratos. Un Cristo tallado en madera, se encuentra en Berkely, California. En la collada de Yesba (Puerto de San Glorio) un enorme oso pétreo observa el paisaje.</p>
<p>Jesús Otero fue un gran  artista de la piedra. En una pequeña fragua, en su taller, aguzaba y templaba personalmente sus herramientas. Atacaba el bloque directamente;  tan sólo con unos dibujos preliminares, le arrancaba la obra escondida en su interior.</p>
<p>Dicen los críticos que su obra es limpia, clara y contundente. Para sus amigos y los que le conocían fue, además de artista, sencillo, serio, noble, generoso y sensible. Murió en 1994.</p>
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		<title>La espada y la paloma</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Sep 2011 11:38:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Lillo Galiani</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuando una escultura o grupo escultórico queda definitivamente emplazado en un espacio abierto, el trabajo queda expuesto, además de las lógicas inclemencias del tiempo y, como ya se dijo en otra ocasión, a posibles ataques vandálicos. También a las palomas; el ave mascota de Venus, mensajera de Noé, transmutación de la tercera persona de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignright size-medium wp-image-577" title="74.La espada y la paloma" src="http://lillogaliani.com/wp-content/uploads/2011/09/74.La-espada-y-la-paloma-299x450.jpg" alt="" width="299" height="450" />Cuando una escultura o grupo escultórico queda definitivamente emplazado  en un espacio abierto, el trabajo queda expuesto, además de las lógicas inclemencias del tiempo y, como ya se dijo en otra ocasión,  a posibles ataques vandálicos. También a las palomas; el ave mascota de Venus, mensajera de Noé, transmutación de la tercera persona de la Santísima Trinidad y elevada, como icono de la paz, a la inmortalidad por obra y gracia de Picasso; aunque descendiendo a un plano más prosaico, la paloma ataca con sus excrementos corrosivos, entre otras cosas, al patrimonio artístico de las ciudades, siendo en muchas de ellas, un verdadero problema.<br />
Lógicamente, al igual que en el mundo taurino, la obra escultórica también se ve sometida a opiniones de distinta índole: loas, elogios, alabanzas y parabienes. Naturalmente del lado opuesto recibe: tachas, improperios, denuestos, objeciones e, incluso, puede llegar a ser víctima inocente de disquisiciones políticas y otros imponderables. Pero  dejando a un lado estos aspectos, concurren en la obra al exterior otras circunstancias más agradables,  hasta poéticas, para muchos observadores que aman, sienten y disfrutan el arte y, cómo no, para el autor de la misma.<br />
Instalada, desde 1972, en la Plaza del Altozano, cerca del Puente de Triana, se yergue  la figura broncínea de Juan Belmonte, el mítico torero sevillano. Su pecho horadado de parte a parte, permite atravesar la escultura con la mirada. Al preguntar a su autor, Venancio Blanco, cuál fue el mejor elogio a su obra respondió, sin dudar, que un trianero, humilde hombre de la calle, comentó mirando a la escultura y su hueco: ‹‹ Así los pajaritos podrán pasa por dentro, de un lado al otro››.<br />
En 2005, con motivo del Cuarto Centenario del Quijote, un grupo de alumnos y tres profesores llevamos a cabo, como ejercicio práctico, en el IES Gregorio Prieto, una escultura conmemorativa del evento. Consta de espada, lanza, peto, brazal y bacía, Armas de D. Quijote. Para dar una idea del tamaño de éstas, la espada tiene una longitud total de cuatro metros. En la primavera del año siguiente, una torcaz tuvo a bien hacer su nido en la cruz y guardamano de la espada, para admiración y regocijo de  alumnos y profesores que observaban al ave durante los recreos. Curiosa paradoja, la “paloma” aposentada en un arma.<br />
A lo largo del curso 09-10, realizamos otro trabajo para seguir ornando los jardines del centro. Se trataba de un panal con dos avispas. Los insectos miden ochenta centímetros de longitud, sus cuerpos, amarillos y negros, tienen un grosor de quince centímetros. El panal, colgado a varios metros del suelo, tiene un metro de diámetro y setenta centímetros de profundidad; las celdilla hexagonales miden quince centímetro de boca. Lógicamente los véspidos  no han criado pero los gorriones han “ocupado” algunas celdillas.<br />
En uno de los calurosos días de este verano, camino a las Lagunas de Ruidera, nos detuvimos en La Solana para hacer una visita esporádica a mis “hijos” de hierro, Aguja para coser nubes, Estatua ecuestre del Quijote y Hoces y espigas; este último es un conjunto de dos hoces de cuatro metros y seis espigas; cada uno de estos “espigados” ejemplares miden metro y medio (los granos y raspas) más seis de caña. En una de las espigas una tórtola, sin miedo a los calores estivales, tiene construida su liviana vivienda.</p>
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