Las puertas del infierno

Efectivamente, además de las “Puertas del paraíso” de Ghiberti, cuatro siglos y medio después, en pleno movimiento “modernista”  (“art nouveau” en Francia), Auguste Rodin expone al público  la antítesis del maestro florentino: “Las puertas del infierno”. Comenzó el encargo cuando contaba cuarenta años y el mismo tiempo trabajó en ellas, al final quedaron inconclusas. Las originales en yeso, se encuentran en el museo de Orsay,  las fundidas en bronce, en el museo Rodin. Existen dos copias más en bronce, una en Filadelfia y otra en Tokio. Fueron encargadas para colocarlas en el Museo de Artes Decorativas de la capital francesa que tampoco llegó a construirse. El artista se inspira en “La divina comedia”  del poeta florentino Dante Alighieri, en la poesía del romano Ovidio y en “Las flores del mal” de su compatriota Baudelaire. Rodin desarrolla en esta obra  todo su potencial creador, fantasía e imaginación. Sus figuras expresan pasión, dolor, turbación y realismo psicológico, un  conjunto que provoca en el espectador sensaciones trágicas.

François-Auguste Rodin nació en París el 12 de noviembre de 1840. Revolucionó la escultura y su tratamiento, hasta entonces cargado de excesivo academicismo.  Sus trabajos no son meros modelados convencionales, expresan todo tipo de pasiones humanas, quizás reflejos de la vida interior del artista. Tras su paso por varios colegios, a los 17 años descubre la escultura y comienza a modelar. Tres veces se examina para el ingreso en la Escuela de Bellas, en las tres ocasiones es rechazado. Para ganar el sustento, comenzó a trabajar de  ayudante de estucadores y decoradores. Por la noche modela sus propios trabajos y  vive con Rose, bella costurera a la que retrata en varias ocasiones y con quien se casaría cincuenta y seis años después, al final de sus vidas. Presenta al Salón de 1864 su “Hombre de la nariz rota”, una cabeza con reminiscencias griegas, que le es rechazada. Un amigo muestra dicha cabeza en la Academia de Arte, como una obra antigua que había comprado a un chamarilero. Inmediatamente, la escultura es objeto de admiración general. El amigo reprocha a los académicos: “El autor de esta cabeza es un tal Rodin, rechazado tres veces por esta Academia, y el Salón no aceptó esta obra que ahora tenéis por antigua”.

Tras su regreso de Italia, impresionado por los trabajos de Miguel Ángel y con nuevas ideas, realiza el desnudo masculino “La edad del bronce”, de tal expresividad y perfección, que la comisión del Salón le acusa de haber moldeado la escultura directamente de un cuerpo real. Ignoran las pruebas fotográficas que Rodin presenta sobre su ejecución, pero los grandes escultores de la época, intervienen en su favor y Rodin es rehabilitado, además sale del anonimato. En venganza por tal acusación, Rodin modela el “San Juan Bautista” de tamaño mucho mayor que el natural.

La fama de Rodin va en aumento, en su taller trabajan mas de cincuenta empleados, tallistas, vaciadores, moldeadores y escultores. Dibuja constantemente  bocetos eróticos,  hermosas clientes posan para él, además de contratar a numerosas modelos; mantiene relaciones íntimas con muchas de éstas, llevando  una agitada vida amorosa.  Isadora Duncan,  a quien retrató y “conoció”, le llama “reencarnación del dios Pan”.  También fue el primer escultor que, tras muchos años de  hipocresía, dota a sus figuras del sexo que corresponde a la realidad. Soportó durísimas críticas, pero tuvo apasionados defensores. Entre sus numerosísimas esculturas, las más conocidas son “El beso” y “El pensador”, basándose en las que aparecen a tamaño reducido en las “Puertas del infierno”. Muere en noviembre de 1917. El museo Rodin de París, instalado en el antiguo hotel Birón, donde residió sus últimos días y adquirido por el estado francés, alberga obras de este escultor apasionado en todos los sentidos, imaginativo, polémico y transgresor que insufló vida,  fuerza y pasión  a sus bronces.