Posts By : José Lillo Galiani

Lo que la piedra esconde

Lo que la piedra esconde

 

 

 

Emersión Bronce y mármol Lillo Galiani

Emersión
Bronce y mármol
Lillo Galiani

No es el encabezamiento  de un nuevo artículo sino el título de la muestra de escultura que Lillo está llevando a cabo y los motivos por los que ha dejado de escribir sus artículos sobre arte.

Esta exposición de escultura consta, en su mayor parte, de trabajos en piedra de manera genérica pues en ella pueden verse también  mármoles y granitos.

Todas las esculturas son inéditas. También se exponen varias esculturas de madera y bronce.

La exposición se está llevando a cabo en la magnífica sala del Centro Cultural la Confianza de su ciudad natal y del vino, Valdepeñas; del 1 de diciembre al 8 de enero.

El horario de visitas es de 10 a 13,30 por la mañana  y de 17 a 20,30 por la tarde, de lunes a viernes. Una vez que se instale el belén en dicho centro, podrá visitarse también los fines de semana a partir del 17 de diciembre.

ha dejado sus artículos sobre a arte a modo de descanso. Quizás en un futuro vuelva a retomarlos.

 

El gitano pintor

Tenía Victorio Macho, el gran escultor palentino, un amigo gitano llamado Fabián de Castro. Ambos se profesaban gran simpatía y se reunían en una taberna de

Trastienda de farmacia Piedra reconstituída J.Lillo Galiani

Trastienda de farmacia
Piedra reconstituída
J.Lillo Galiani

Montparnase para, junto con otros artistas, hablar de arte y otras cosas. Entre los reunidos se encontraba el pintor Zuloaga (1870-1945) y sugirió al gitano que probase con la pintura. Fabián, verdadero artista tocando la guitarra, se animó a probar y, adquiriendo los materiales necesarios para pintar, llevó a cabo la realización de varios lienzos al parecer bastante malos. Con su labia y don de gentes, Fabián se desplazó a Inglaterra dando a conocer su obra en el castillo de un lord rico que le tuvo de huésped durante un larga temporada. Con el tiempo se ganaría cierta reputación como pintor.
Después se trasladó a Barcelona para exponer su obra. Un soplón puso al corriente de la exposición al coronel Martínez Anido, a la sazón gobernador civil de Barcelona. Informó el correveidile al gobernador de la mala calidad de los cuadros pero haciendo notar que en uno de ellos había representado a un Cristo al que dos guardias civiles estaban atando a una columna. Martínez Anido, hombre brutal, represor y violento, descargó un puñetazo sobre la mesa de su escritorio y mandó le trajeran a su presencia y sin tardanza al pintor. Detuvieron a Fabián y lo llevaron a presencia del iracundo gobernador civil, que era militar. Nada más tenerlo ante él, con voz de dragón le espetó: « Mira viejo gitanazo de la m… : Ahora mismo vas a ir a la cárcel porque me han dicho que has pintado a dos guardias civiles atando a una columna a nuestro Señor Jesucristo…››. Se hizo un silencio sepulcral… Pero enseguida el gitano Fabián, que a decir de Victorio Macho era inteligente y culto en el arte de la pintura pues había visitado los museos de España, Francia e Inglaterra y era un gran admirador de Velázquez, Goya, Zurbarán y todos los pintores impresionistas, miró a su feroz inquisidor con intencionado aire de infeliz respondiéndole: « ¡Vaya usté a sabé, señó general Martine Anío, si esto tale guardia cevile que pinté estaban atando o desatando a Cristo!… Porque la verdá verdaera,señor gobernaó, es que estoy encomenzando a aprendé er tan deficil oficio de la pintura››.
Cuenta Victorio macho en sus memorias que, según le relató Fabián, el gobernador, tras unos segundos, rompió en una estrepitosa carcajada y, abrazando al gitano, le invitó a cenar.

Roca Tarpeya

Este año se cumplen el cincuenta aniversario de la muerte del escultor palentino Victorio Macho (13 de julio de 1966). Después de bastantes años residiendo en Perú y,

Niños. Hormigón blanco Lillo Galiani

Niños.
Hormigón blanco
Lillo Galiani

tras haber realizado numerosos e importantes monumentos para varios países hispanoamericanos, decidió volver definitivamente a España en compañía de su segunda esposa, la limeña Zoila Barrós Conti. Y, aunque amaba su tierra palentina, decidió instalarse en la imperial Toledo. Acompañado, también, de fama y fortuna se hizo construir una hermosa casa, y taller anexo, a orillas del Tajo o, mejor dicho, sobre él, en un farallón rocoso, por lo que dio en llamarla Roca Tarpeya.
Poco después de su muerte se editó el libro Victorio Macho, memorias. Yo, entonces joven, Adquirí un ejemplar en la librería Ortiz de Valdepeñas y, de vez en cuando, releo sus páginas amarilleadas por tiempo. Cuenta el autor como fue suspendido en su primer intento de ingreso, con dieciséis años, en la Academia de BB.AA. de San Fernando en Madrid, narra sus vivencias de la guerra civil, sus viajes, sus encargos y muchas anécdotas, de las cuales, he reproducido alguna. Todo ello relatado con la maestría de gran escritor.
Su casa y la obra contenida fueron donadas, por su voluntad, al Estado español. Estuvo cerrada durante varios años para llevar cabo distintas obras de remodelación. Actualmente cuenta, entre otras, con sala de proyecciones y conferencias, y tienda. Algunas dependencias han sido cerradas para uso de la administración.
En una sala Pueden admirarse dibujos, retratos en bronce de algunas personalidades como Unamuno, réplicas a escala menor de monumentos y la escultura retrato sedente de su madre, tallada en piedra negra con la cabeza y manos de mármol blanco de Carrara. En la cripta, la escultura yacente de su hermano Marcelo con hábito franciscano tallado en granito gris y los pies, rostro y almohada de mármol blanco como la anterior. En el gran patio, fresco y hermosísimo, una fuente, numerosas esculturas de bronce pero, sobre todo, las magnificas vistas que desde allí pueden admirarse pues se eleva, como una atalaya roquera sobre el Tajo, los cigarrales y el puente de San Martín. Yo tuve el placer de admirar estas vistas en los años setenta cuando la casa era la genuina, tal y como la había dejado el maestro; cuando aún, y con algo de imaginación, podía percibirse su espíritu entre aquellas paredes y el rumor metálico, como de campana de alejada ermita, cincelando el bronce.