Roca Tarpeya Lo que la piedra esconde

El gitano pintor

Tenía Victorio Macho, el gran escultor palentino, un amigo gitano llamado Fabián de Castro. Ambos se profesaban gran simpatía y se reunían en una taberna de

Trastienda de farmacia Piedra reconstituída J.Lillo Galiani

Trastienda de farmacia
Piedra reconstituída
J.Lillo Galiani

Montparnase para, junto con otros artistas, hablar de arte y otras cosas. Entre los reunidos se encontraba el pintor Zuloaga (1870-1945) y sugirió al gitano que probase con la pintura. Fabián, verdadero artista tocando la guitarra, se animó a probar y, adquiriendo los materiales necesarios para pintar, llevó a cabo la realización de varios lienzos al parecer bastante malos. Con su labia y don de gentes, Fabián se desplazó a Inglaterra dando a conocer su obra en el castillo de un lord rico que le tuvo de huésped durante un larga temporada. Con el tiempo se ganaría cierta reputación como pintor.
Después se trasladó a Barcelona para exponer su obra. Un soplón puso al corriente de la exposición al coronel Martínez Anido, a la sazón gobernador civil de Barcelona. Informó el correveidile al gobernador de la mala calidad de los cuadros pero haciendo notar que en uno de ellos había representado a un Cristo al que dos guardias civiles estaban atando a una columna. Martínez Anido, hombre brutal, represor y violento, descargó un puñetazo sobre la mesa de su escritorio y mandó le trajeran a su presencia y sin tardanza al pintor. Detuvieron a Fabián y lo llevaron a presencia del iracundo gobernador civil, que era militar. Nada más tenerlo ante él, con voz de dragón le espetó: « Mira viejo gitanazo de la m… : Ahora mismo vas a ir a la cárcel porque me han dicho que has pintado a dos guardias civiles atando a una columna a nuestro Señor Jesucristo…››. Se hizo un silencio sepulcral… Pero enseguida el gitano Fabián, que a decir de Victorio Macho era inteligente y culto en el arte de la pintura pues había visitado los museos de España, Francia e Inglaterra y era un gran admirador de Velázquez, Goya, Zurbarán y todos los pintores impresionistas, miró a su feroz inquisidor con intencionado aire de infeliz respondiéndole: « ¡Vaya usté a sabé, señó general Martine Anío, si esto tale guardia cevile que pinté estaban atando o desatando a Cristo!… Porque la verdá verdaera,señor gobernaó, es que estoy encomenzando a aprendé er tan deficil oficio de la pintura››.
Cuenta Victorio macho en sus memorias que, según le relató Fabián, el gobernador, tras unos segundos, rompió en una estrepitosa carcajada y, abrazando al gitano, le invitó a cenar.

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